Eleusis, La Ciudad de las Mujeres Por Mª
Angustias Bertomeu Martínez
"...
la ciudad como una memoria organizada..." (Hanna
Arendt)
El
deseo, fuente de vida, alimentador de los proyectos y sueños
de las mujeres.
Memoria
y deseo, para crear un espacio donde las mujeres y la ciudad
no sean un espacio en tensión.
La
memoria organizada, como sustrato de los deseos generadores,
alumbra La Ciudad de las Mujeres, territorio de libertad
femenina.
Abandonar
"la periferia como representación del pensamiento
único, que uniformiza la reflexión teórica
para dar opción al disfraz de formas polivalentes..."
(La ciudad compartida)
Mirando
hacia atrás, ¿o quizá es hacia adentro?,
vuelvo a recorrer las orillas del mediterráneo hasta
llegar al Ática. Allí espera la ciudad de
Eleusis, sometida a la invisibilidad y la destrucción.
La cólera contra sus diosas y sacerdotisas se estrella
contra nuestro imaginario, que rescata las genealogías
del olvido.
Desde
aquí os convido al sueño, para compartir vuestra
autoridad y conocimiento. Os pido la luz de vuestros saberes
y el tacto cálido de la amistad para iniciar este
camino, que sólo se puede recorrer si es en compañía
de otras.
Y
como los sueños navegan solos, se atreven a todo,
y me regalan con vuestra sonrisa cómplice, vuestros
labios para hablar, vuestros ojos para mirar y vuestras
manos para escribir, desde esta narración, la arquitectura
interior de lo posible:
El Acta Fundacional de La Ciudad de las Mujeres
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ELEUSIS: SU MEMORIA
Por Victoria Sendón
Eleusis
era una ciudad cercana a Atenas cuya relevancia se debía
a la posesión de un santuario construido a petición
de la diosa Deméter: "Lábreme todo el pueblo
un gran templo con su altar al pie de la ciudad y de su alto muro,
que se cierne sobre el pozo Kalícoros, en la prominente
colina, y yo, en persona, os enseñaré los misterios...",
como nos recuerda Apolodoro.
Los misterios que allí tenían lugar no respondían
a supersticiosas creencias ni a rituales religiosos, sino que
constituían una iniciación
estrictamente individual a partir de la experiencia interior,
y su celebración original estaba reservada sólo
a las mujeres. En ellos se rememoraba la búsqueda de Perséfone
-señora de los Infiernos- por parte de su Madre, Deméter
-diosa de la Agricultura-, ya que la joven diosa había
sido raptada por Hades al submundo del que era soberano. Después
de recorrer la Tierra infructuosamente, Deméter amenaza
a Zeus con secar los campos hasta que su hija no aparezca, lo
que obliga al dios a interceder ante su hermano, Hades, para que
devuelva a la joven secuestrada con la que intentaba desposarse.
En el último momento, Perséfone come un grano de
granda -fruto invernal- que la obliga a permanecer una tercera
parte del año en el reino de Hades, si bien el resto del
año puede volver junto a su Madre, metáfora por
cierto del espíritu de la vegetación que florece
en primavera y abandona los campos en el invierno. Sin embargo
este culto no proviene de simples ritos agrarios, sino que conlleva
otra profundidad.
La iniciación en los misterios de Eleusis constituía
una experiencia tan poderosa que pervivió en los tiempos
de dominio patriarcal, aunque modificada. Heracles, héroe
arquetípico, siente deseos de ser también iniciado,
al igual que las mujeres, pero como no se le permite la entrada
en el santuario, decide iniciar otros misterios en Atenas que
compitan con los primeros. De este modo se instauran unas celebraciones
ritualistas y folklóricas en honor de Dionisos, en las
que la figura oficiante principal ya no es la gran sacerdotisa,
sino el hierofante, que dirige la celebración. Estos misterios,
conocidos como "pequeños misterios", tienen lugar
en primavera, en tanto que los eleusinos se celebran en la entrada
del otoño, durante los días 19 al 22 de "boedromión"
o mes de la luna de septiembre.
Cuando la ciudad de Eleusis es anexionada a la de Atenas, el santuario
de Deméter es forzado a abrir sus puertas también
a los varones, excluidos los asesinos y aquellos que no hablen
el griego, incorporando algunos elementos de los pequeños
misterios, como la figura del hierofante -que ha de pertenecer
a la familia de los Eumólpidas- así como la de la
sacerdotisa de Deméter, a la de los Filidas, aunque siga
conversando su carácter de gran iniciación o "epoptía",
a la que se podía acceder después de un año
de haber recibido la iniciación común, una prerrogativa
que no poseían los pequeños misterios de Dionisos.
La
característica más peculiar de estos misterios consistía
en su carácter secreto, por lo que no podemos conocer exactamente
qué es lo que allí sucedía, salvo por aproximaciones
descritas por algunos autores. Plutarco destaca la seguridad que
los iniciados o "mystés" en la inmortalidad del
espíritu después de la muerte corporal: "El
alma, en el momento de la muerte, sufre la misma impresión
que los que participan en las grandes iniciaciones. Y las palabras
se asemejan a las cosas, ya que morir y ser iniciado poseen la
misma raíz. Primero vienen las marchas al azar, las penosas
vueltas, las carreras angustiosas y sin rumbo en medio de las
tinieblas. Al acercarse al final, el pavor, los estremecimientos,
el temblor, el sudor frío, el espanto, llegan a su grado
máximo. Pero más allá de todo eso resplandece
una luz admirable; el iniciado se encuentra en lugares puros,
praderas alegradas por las voces y las danzas, con la impresión
religiosa de palabras sagradas y de apariciones divinas."
Estos efectos debían de corresponder a los desencadenados
por alguna droga que se ingería con el "kykeón"
o alimento de las diosas que, según Robert Wattson, podría
ser el ácido lisérgico contenido en el cornezuelo
del centeno, mezclado con agua, harina y poleo. También
Apuleyo incide en el tipo de experiencia que vivían los
iniciados, aunque con palabras más ambiguas: "Llegué
a las fronteras de la muerte, pisé el umbral de Perséfone
y a mi regreso crucé todos los elementos; en plena noche,
vi el sol que brillaba en todo su esplendor; me acerqué
a los dioses del infierno y del cielo; los contemplé cara
a cara y los adoré de cerca. Estas son mis noticias: aunque
las has oído, estás condenado a no entenderlas".
En la era cristiana estos misterios fueron denostados y criticados
duramente por prelados y teólogos como Gregorio de Nacianzo
o Tertuliano sin conseguir por ello erradicarlos, tal era su fuerza,
hasta que en el silgo IV fuera destruido el santuario por Alarico
en nombre de la nueva religión. Eleusis cayó, pero
su espíritu permanece.
Aquellas antiguas iniciaciones, en un principio reservadas a las
mujeres, al igual que los varones tenían las suyas propias,
procedían de la isla de Creta, último bastión
de una civilización igualitaria y matriarcalista que nos
legó otras muchas cosas que aun permanecen en la sombra,
pero que sin duda no han muerto del todo. Con la posterior conquista
y colonización griega pasaron al continente, en el que
la ciudad de Eleusis mantuvo la memoria de aquellos tiempos pasados
en los que las diosas mediterráneas de la Tierra habían
inspirado una rica y evolucionada civilización a la medida
de lo humano.
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