Ahora más que nunca Art Futura es el pasado. Mediarama
recoge el testigo y se proyecta con el buen sabor de boca que deja
el haber podido concitar en una primera singladura a primeras
espadas del complejo y cambiante mundo de las nuevas tecnologías,
todas con nombre de mujer de acuerdo al leit motiv elegido para la
ocasión: El siglo femenino.
Tras cuatro días en cartel en el Monasterio de la Cartuja y 4.100
visitas registradas (sin contabilizar las consultas vía Internet),
esta iniciativa echaba anoche el cierre y sus responsables
realizaban un primer balance de urgencia. De entrada, se destaca una
idea: “Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ha sido la
muestra de arte electrónico más importante de nuestro país de los
últimos cinco años”.
Sus razones: el número de artistas por metro cuadrado, su
renombre en el panorama internacional (por más que al común de los
mortales les suenen lejanos), la gran cantidad de contenidos
expuestos y, por último, el nivel alcanzado, no apto para
cualquiera. En este sentido, uno de los directores de Mediarama,
Alejandro Sacristán, reconocía “un punto de sofisticación” en las
propuestas artísticas, científicas y tecnológicas desarrolladas, lo
que a la postre les ha restado llegada al gran público (mucho y
familiar el advertido durante el fin de semana, que quizás esperaba
algo distinto). “Hemos intentado nivelar el fiel de la balanza y,
por ejemplo, las instalaciones de Katiushka Borges y de Arte Final
han sido el contrapunto”, señaló.
Pese al esfuerzo, en el fiel ha pesado más lo profesional, como
lo demuestra la elevada afluencia de gente relacionada con el sector
tecnológico, “inusualmente alto en cuanto al porcentaje que suele
asistir a este tipo de eventos”.
Desde esta perspectiva, Mediarama sí ha producido la
“dinamización del mercado infográfico y de la Realidad Virtual que
se perseguía”, generando negocios y contactos no sólo a escala local
o regional, sino europea.
OFERTA “DILUIDA”. Con respecto a los contenidos, ha sido tan
amplio el abanico ofrecido que, según Sacristán, “ha quedado
diluido, salvo en los casos de las animaciones flash del Festival
OFFF, que han resultado un éxito imprevisto, y del Mediarama
Electronic Theater”. “Hemos proyectado entre 10 y 12 horas de
contenidos, lo que significa que hemos estado a un nivel similar al
de Ars Electrónica”, justifica. Para corregir este defecto, la
organización ha editado un Cd-Rom con una selección de las mejores
imágenes por ordenador que se han pasado en Mediarama, el mismo que
se ha puesto a la venta y que se conservará en la Mediateca del
Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) para quien desee
consultarlo.
En lo meramente organizativo, el borrón de varias ausencias no
imputables a la muestra en sí (Inmaculada Pérez de Guzmán, Eva
Sánchez, Jutta Schmiederer) no empaña la calidad y valía de los
inivitados que han transmitido sus respectivos ámbitos de trabajo en
Sevilla. Pocas veces se tendrá, visto desde esta óptica, una ocasión
más propicia para que en la ciudad se hable de lo que no abunda pero
que está por venir, a saber: Inteligencia Artificial, Realidad
Virtual, creación digital y arte electrónico, terrenos todos
experimentales y en permanente evolución que, a partir de este 2001,
harán también escala anual en el sur de España.