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Agua
de colonia puede
ser entendido como una ironía sobre
la esencia de lo femenino en su condición
de "ser" inmutable definido por
su configuración biológica
que existe a priori sobre nuestras representaciones.
Este antiesencialismo privilegia una perspectiva
cultural en la cual las identidades se construyen
por medio de las relaciones entre los sujetos
y el ámbito social.
Las propuestas
de María Egea, Vanna Tursini y Luz
Mª Varela abordan las representaciones
de lo femenino en el espacio público,
desde una reflesión de género,
es decir, desde el cuestionamiento de la
tradicional construcción dicotómica
masculino/femenino q organiza y jerarquiza
el orden social, y redimensiona la premisa,
"lo personal es político"
que impulsó desde los años
70 del siglo XX una revisión deconstructiva
de los universos de "lo público"
y "lo privado".
Además
de ironizar sobre el tratamiento del cuerpo
femenino como producto de consumo
también introducen reflexiones sobre
el rol que asumen algunas mujeres en la
actividad bélica y ponen en tela
de juicio la "feminidad" cuando
se actúa a favor del dominio avasallante
del falocentrismo, que favorece el poder
expansivo por sobre los valores de solidaridad
y transversalidad asociados a la condición
femenina como modelo cultural.
Carmen Hernández
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